
Ayer eran un grupo de animales reunidos, en torno a una mesa, a un banquete, lleno de vasos cargados de ansiedad, de bebidas cósmicas elementales.
Tenían el instinto gregario y antiguo de sentarse juntos y sentirse ganas… Eran animales de dientes puntudos que hablaban en idiomas y lenguas construidas por ellos y para ellos. Y chorreaban saliva.
Uno de ellos, el más joven, tenía pezuñas pero no rumiaba. De sus ojos estallaban líneas de color azul. El otro, el Varón, gesticulaba ideas sinsentido, manipulaba los maníes desde la mesa y del banquete y quería, deseaba, que esa noche fuera eterna y a la vez insignificante.
Ellos eran un zoológico, de animales invertebrados gritando y puteando. – Gritando y puteando- dije. ¿Qué haría yo si participara del evento? Seguro que me quedaría callada, inmóvil, anestesiada con tanta excentricidad.
Han perdido el rastro unos minutos (me suena esa frase) como Monos y como Monas, esperan el final. El banquete se pudre, de los vasos salen hormigas, gusanos amarillos y moscas tamaño XL. Se larga a llover, ácida, destellos de humedad. Ingresa en sus huesos y se quedan parados.
–Mañana si nos vemos te voy a decir Te Quiero-.

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